Patri Cantero, con Tokio al alcance de la mano

Altura y peso, talento, genes, toda una crack como compañera y una afición que no le cabe en el pecho componen el cóctel perfecto para que Patricia Cantero Reina (Las Palmas de Gran Canaria, 1989) esté a estas alturas de la campaña olímpica con un pie en Tokio 2020

Aún queda batalla, pero aquella niña “pequeñita y gordita que pasaba de todo” en sus inicios con el optimist, forma ahora tripulación con la catalana Silvia Mas Depares, una de las más talentosas patronas de la actual clase 470 femenina, y el equipo funciona. Silvia y Patricia son las vigentes subcampeonas del mundo.

En este momento ocupan la segunda plaza del ranking que elabora la World Sailing -la federación internacional-, con 931 puntos, a 35 de las primeras, las japonesas Ai Kondo Yoshida y Miho Yoshioka. La próxima actualización del ranking será en febrero de 2019.

Patricia pertenece a la saga de los Cantero, es hermana de Choco, y sobrina de Chipirona, una familia que es toda una institución en el Real Club Náutico de Gran Canaria donde, como dice, fue una niña “pequeñita y gordita” que pasaba fin de semana sí y fin de semana también en el viejo varadero,  entre amigos, familia, timones y velas. 

“Yo iba con mi hermano los fines de semana, a él sí se le daba bien. Nos soltaban a los dos en el varadero y nos pegábamos allí todo el fin de semana.

 

Hubo una interferencia que estuvo a punto de desviar el tiro. Hay que confesarlo, no todo fue vela en la vida de Patricia. En algún momento de su adolescencia se cruzó el baloncesto. Durante un tiempo pudo compaginar regata y canasta, pero pronto el ‘Sandra’ -el actual Islas Canarias- quiso mayor dedicación y la adolescente tuvo que elegir. ¿Hay que decirlo? Ganó la vela.

“Tenía 13 años o así, estaba dejando el optimist y probando la clase Europa. Había un grupo bueno de niñas en Europa, un par de amigas, y me dije: ‘venga voy a probar’. Tenía un barco, porque mis hermanas mayores, Esther y Helena, habían navegado en Europa hacía tiempo y mi padre lo había guardado. Me lo arregló, me lo dejó perfecto para navegar. Estuve unos seis meses.  En aquella época Capi era el entrenador y Tony Navarro también. Yo salía más en lancha casi que a navegar”.

Con seis meses de experiencia en Europa se cruza en su vida el windsurf. “Nano Lodos se puso las pilas para intentar sacar la clase windsurfing a flote en el club y buscó a niños y niñas de mi edad. Me encantó. Estuve dos años y fui a un par de campeonatos de España”.

La tabla le gusta y obtiene resultados. Pero su material es de la clase Mistral que deja de ser olímpico después de Atenas 2004 para ser sustituído por la RS:X en Pekín 2008. Seguir compitiendo en tablas exige “invertir 6.000 o 7.000 euros” en la nueva clase. “Bueno justo estaba a final de 2º de Bachillerato, empezaba a salir, fiestas, amigos, asaderos, quería navegar, pero no tenía dinero. Poco a poco lo fui dejando”.

Se olvida de la competición, compra una tabla corta, una vela pequeña y se va a divertir a Pozo Izquierdo. Ahora la vela es un hobby.

A los 14 había empezado a ayudar en los cursillos del club, así que una salida lógica en su situación es convertirse en monitora, mientras comienza a estudiar ingeniería industrial. Patricia trabajó como monitora de optimist y tablas los fines de semana hasta que comenzó su primera campaña olímpica seria.

En el Europa, de adolescente.

Su primer encuentro con la clase olímpica 470 se produce hacia finales de 2012 cuando recibe una llamada de Jorge Angulo, entrenador del equipo olímpico. La canaria Tara Pacheco acababa  de cambiar de clase tras participar en Londres 2012 y el 470 femenino español necesitaba banquillo. Acepta una propuesta de Omayra Gil, regatista del RCNGC, con la que llega a participar en el Campeonato de España que coincidió con la Carnaval Race de Cádiz de ese año.

“El club nos dejó un barco, lo arreglamos y Omayra y yo empezamos a entrenar aquí solas. En febrero fuimos a Cádiz. Llevábamos igual dos semanas navegando: Omayra llevaba 6 años sin navegar casi, y yo, que había sido tripulante hacía cinco años, fuimos a una regata de 30 nudos. Pasamos más tiempo volcadas que arriba. Después hicimos el Sofía (Trofeo Reina Sofía de Palma de Mallorca). Creo que allí conocí a Ángela.”

(Ángela es la asturiana Ángela Pumariega, medalla de oro en Londres 2012 como tripulante en match race.)

Arrancar una campaña olímpica exige una inversión que ni Omayra ni Patricia tienen. Pronto se dan de bruces con la realidad: lo suyo no es realista. No tienen ni entrenador. Pero Jorge Angulo le insiste. “Me dice que ni de coña deje de entrenar en el gimnasio, que siguiera en forma, que no me preocupara, que alguna patrona me iba a conseguir”.

Patricia es alta (1,77)  y tiene el peso ideal (69 kg) para ser tripulante de 470. Además, no hay tantas regatista altas y con el peso apropiado dispuestas a dejarlo todo por el sueño de competir en unos JJOO.

“Estaba estudiando, pero no es que la carrera me encantara, me gustaba mucho navegar y sí, estaba dispuesta a dejarlo todo por navegar”.

 

Patricia y Silvia, oro en el nacional de Japón en agosto de 2018.

 

Invierno de 2013

En el invierno de 2013 se dan dos circunstancias: Ángela Pumariega, ya regatista de 470, necesita una tripulante, y el equipo olímpico de la clase elige el RCNGC para un periodo de entrenamiento.

“Era perfecto. Podía probar con Ángela y no me tenía que mover de casa, podía seguir trabajando. Empecé a navegar con ella. En enero de 2014 comenzó la temporada y nos fuimos de aquí. Dejé los estudios. Hicimos la campaña pero no conseguimos clasificarnos para Río 2016 y dejamos de navegar juntas”.

Patricia reconoce que la experiencia con Pumariega le permite aprender “muchísimo” sobre el significado y “la disciplina” de una campaña olímpica.  

Tras despedirse de la regatista asturiana, pasa un par de meses en EEUU antes de regresar a Gran Canaria para empezar los estudios de Ciencias del Mar, pese a que había dejado ingeniería a mitad de 4º.

En ese tiempo recibe un par de llamadas de la clase, sigue siendo una tripulante interesante. “Yo no quería hacer otra campaña solo por hacerla. Tenía claro que no volvería  a 470 a no ser que fuera con Silvia (Mas Depares), porque sabía que ella nos ganaría siempre, hiciéramos lo que hiciéramos. Es muy joven (21 años), pero es buenísima técnica y tácticamente. Desde optimist ha sido buenísima en todas las clases”. 

“Un día me llamó Silvia porque su ‘tripu’ lo había dejado. Me costó darle el sí. Nos preguntamos: ¿qué posibilidades tenemos de conseguir una beca para el año que viene? Era marzo, el mundial era en julio, teníamos que quedar entre las 8 primeras para conseguir la beca: acabamos 6ª” 

 

 

Antes hicieron  ‘el Sofía’ y acabaron 3ª. En el mundial 2018 en ganan la plata. En septiembre de 2018 acuden a la fase de Enoshima (Japón) del circuito de la Worl Cup y acaban 7ª  de la general y primera tripulación española.

España ya tiene plaza para Tokio 2020 en 470 femenino (y en masculino), conseguida en el mundial 2018 de Aarhus (Dinamarca)  donde la tripulación catalano-canaria obtuvo la plata. El próximo reto para Mas-Cantero es hacerse con la plaza en competencia con las otras tripulaciones del equipo preolímpico español.

 El bilete a Tokio se decide en tres regatas:  los dos próximos mundiales (2019 y 2020), y en la World Cup de Enoshima del año que viene.

 

Pie de la foto principal: Patrica Canterpo (de rojo) y Silvia Mas, en Japón este  verano.

 

 

Por Ángeles Arencibia

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